Se trata de un juego parecido a la vida que hasta hoy la melancolía no me había llevado a recordar, me vino a mi después de ir a cenar y ver caer en cámara lenta una corcholata a lo lejos de mi mesa, cada giro que daba me llevaba mas a ese recuerdo por unos segundos ya no estaba cenando, pude ver el juego a la distancia y me encontraba participando en el de nuevo.El escenario: una mesa roída ya por las polillas de un tamaño descomunal más de 3 metros, algunos huecos por todos lados.
El camino: son dos líneas amarillas que recorren la mesa creando un gran laberinto alrededor de ella, por cada determinado fragmento de camino hay una línea que lo atraviesa, representa la segunda oportunidad que uno siempre desea en la vida.
Las reglas: el que recorra el camino en un menor número de golpes con los dedos gana, en caso salir del camino uno puede regresar a la línea y comenzar de nuevo si no se ha llegado a ninguna línea regresa al punto de salida, si cae de la mesa pierde automáticamente.
Jugadores: cualquiera que no tuviera el juguete americano deseado, el juguete mexicano conocido, moneda de 100 pesos para jugar videojuegos de pixeles y que tuviera en sus manos una corcholata, las cuales en esos tiempos abundaban mucho y la tapa rosca casi no existía, podría participar.
Cada golpe a la corcholata por el camino es similar a los golpes que recibimos antes de poder llegar a nuestros sueños, metas y deseos, cada caída por el agujero de polilla o la salida del camino es por aquellos que ya no están con nosotros y no porque hayan muerto sino porque se han convertido en recuerdos, fantasmas desvanecidos por las líneas, el regreso a las líneas significan los hubiera y los podría que producen nuestras decisiones que muchas veces cometemos y nos repetimos, de los cuales pocas veces podemos reparar o cambiar.


